lunes, 24 de noviembre de 2014

Hotel Humboldt un milagro en El Ávila




María Fernanda Fuentes.
Acaba de publicarse Hotel Humboldt un milagro en el Ávila (Fundavag Ediciones), obra multimedia que consta tanto de textos como de imágenes, así como un CD interactivo sobre el Ávila y un documental en DVD sobre la historia de la construcción del hotel. Un libro completo y plural.
El documental es una realización de Federico Prieto, que fue el coordinador general del libro; el texto referido a la arquitectura e ingeniería es de Gregory Vertullo; y la crónica nutrida de cuentos, leyendas, mitos alrededor del hotel y de su entorno, la escribe Joaquín Marta Sosa, extraída de realidades que ocultó la montaña durante siglos. Así resume el poeta y profesor Joaquín Marta Sosa, el significado del libro, y de su texto sobre el universo avileño que rodea al Humboldt.

–¿En su opinión, cuáles son los aspectos de mayor interés del libro?
–Diría que son tres. El histórico, para quienes estén interesados en ver cómo era Caracas en la época, para quienes deseen asomarse a la figura de Pérez Jiménez, que ni siquiera han visto en una fotografía; cómo se vestía la gente entonces; o cómo se hizo a mediados de los cincuenta del recién pasado siglo, esa obra primera en su género en América Latina, aportando para ello documentación e imágenes inéditas.
Luego está el tema de su arquitectura e ingeniería. Se trata de uno de los pocos hoteles en el mundo construido sobre la cumbre de una montaña, con soluciones arquitectónicas y de ingeniería que aún hoy se estudian en varias universidades dentro y fuera de Venezuela.
Y finalmente, los relatos que me tocó rescatar y reconstruir alrededor del hotel, el teleférico, su construcción, contados en buena parte por la gente de Galipán y por otros personajes que trabajaron en la construcción del hotel. Son las leyendas, las ficciones y las historias propiciadas por un evento emblemático, acaso irrepetible, narrados en 22 cuentos.

–¿Cómo aparece la idea de realizar este libro?
–En sí mismo es casi la historia de cómo se escribe una novela. El libro fue cobrando su propio camino a medida que avanzamos. Inicialmente fue concebido como una obra para rescatar la importancia de la inmigración en el levantamiento de nuestra historia moderna y urbana, así como la extraordinaria sinergia que se produjo entre la comunidad de inmigrantes y la mano de obra y el talento venezolano. Un auténtico mestizaje. En este sentido quisimos poner de relieve que fue una obra construida durante la dictadura, no una obra de la dictadura, sino de la gente que la construyó, que la ideó, que la pensó, la diseñó y la llevó adelante.

–¿Y cuál fue su núcleo inicial, el punto de partida?
–Lo que teníamos era el documental que ya había hecho Federico Prieto que sirvió como eje de referencia. Desde allí el proyecto fue adquiriendo su corpus. Luego apareció otro trabajo que había hecho antes el mismo Prieto con Bruno Manara, un CD interactivo que caracteriza al Ávila y su fauna, su flora y algunos eventos históricos.
Con esos materiales a mano nos percatamos de que había una riqueza de historias que no podían desaprovecharse. Ese fue mi nicho. Comencé a vincularme con gente de la comunidad de Galipán, algunos de los cuales habían trabajado en la obra; con ellos mantuve conversaciones que se extendieron durante unos tres meses. Y luego acudí a la documentación histórica, a fuentes hemerográficas, y así surge mi Tótem en la montaña, un texto que fusiona tanto verdades históricas como realidades leyendarias y míticas, junto con perspectivas puramente ficcionales o semi ficcionales.
 Mi idea es mostrar que en el Humboldt y sus alrededores hay algo más que una espléndida obra de arquitectura e ingeniería, está el esfuerzo de miles de personas olvidadas, anónimas, de sus relatos, de sus visiones de mundo, de sus aspiraciones y mitos, de las que no podemos prescindir si queremos entender con toda cabalidad el significado profundo del ese hotel totémico en nuestra montaña.

–¿Encontró algunos hechos de interés especial?
–Muchos. Aparte del más conocido, el del Dr. Knoche, médico alemán que se encerró en el Ávila con toda su familia para encontrar el secreto de la vida inmortal; el de los nórdicos recién casados que desaparecen en Lagunazo y los encuentran meses después, ahogados, en un fiordo de Noruega; el del beisbolista que murió en esas cumbres en un accidente de avión y que algunas noches sale a jugar pelota en las frondas de los árboles y se sienten sus batazos; el caso de Andrés Bello que participa en la primera subida a la montaña, y gracias a ella se convierte al independentismo; que no hay nada que certifique históricamente que la cumbre fue llamada Warairarepano alguna vez, ese es un invento patriotero-indigenista.
En fin, que la gente vea que el Humboldt no es tan solo una fría obra de arquitectura e ingeniería sino una cálida realidad donde se aúnan lo histórico, lo real, lo irreal, lo documentado. Tal fue mi propósito.

–¿Es decir, la suya es una suerte de primera historia literaria del Ávila y el Humboldt?
–En efecto, ese es el resultado. Y su aspiración es la de advertir que lo peor que podría ocurrirle al Humboldt es que se convirtiese en nuestra primera y más importante ruina del siglo XX, pasando por encima de que en él se muestra el espíritu emprendedor y progresista de Venezuela y de los venezolanos, a pesar de la visión que muchos suelen tener de nosotros mismos, pesimista, descalificadora. Creo que el principal valor del libro y de mi contribución es la de demostrar que somos capaces de hacer cosas importantes, que somos un país abierto y fraterno con los que vienen de afuera. Es decir, no solamente de mestizaje étnico que nos ha hecho un mejor pueblo, sino de mestizaje profesional que nos ha hecho un país con mayores capacidades y posibilidades.

Fuente: TalCualDigital.com
Lunes 24 de noviembre de 2014

martes, 5 de agosto de 2014

Yo soy Caracas


Yo nací en Caracas, así me tocó. Pero si pudiera escoger de nuevo dónde nacer, elegiría la ciudad de Caracas. Es maravillosa, ¿o no? Caracas es la combinación perfecta de alboroto y calma, brillo y oscuridad, exquisitez y sencillez, fiesta y descanso, inocencia y picardía, talento y más talento. Y es que la magia de esta gran ciudad, y extiendo el cumplido al país entero, la hacen día a día sus habitantes.

La gente es el potencial y recurso de más valor que puede tener cualquier espacio geográfico. La gente es quien vive, construye, se equivoca, aprende y comparte.
Desde hace 6 meses vengo siguiendo la cuenta en Instagram de un par de amigos, bajo el nombre de @YoSoyCcs. No podría ser más oportuna y necesaria en tiempos de reconciliación. Sus autores, Mariana Perera y Américo Orsi, buscan mostrar, a través de fotografías, "al verdadero venezolano: al trabajador, al que madruga, al que no es flojo, al que cree en Venezuela". Para ellos, cada persona tiene algo que enseñarnos, todas están llenas de historias.

Y es por eso que su intención es recorrer día a día las calles de Caracas, en búsqueda de individuos que quieran compartir sus ilusiones, experiencias y luchas, contagiando a todos con su "buena vibra".

Las fotografías muestran las caras de la ciudad, y éstas reflejan una diversidad homogénea. Se trata de una variedad de sueños relacionados a la música, al deporte, a ser padres, estudio, al arte; que se asemejan en la pasión con la que las viven sus amos, y en la lucha y sacrificio que invierten. Ellos comparten una genuina confianza en lo que somos y en lo que podemos ser. Resulta inspirador seguir la cuenta y llenarse del vigor que transmite cada una de las imágenes e historias que ahí se cuentan.

Las sonrisas de estas personas además resulta contagiosa. Pero creo que, sobre todo, lo que nos regala esta cuenta es recordarnos lo muy parecidos que somos todos.

Tenemos una marca que nos identifica, que compartimos: ser caraqueños. Y eso no es poca cosa. @YoSoyCcs nos invita a que nos quitemos los prejuicios y nos atrevamos a acercarnos a otras personas, y que demos un paso adelante en la demolición de las barreras ideológicas, de clase, y de poder que nos separan, porque la marca de ser caraqueños es mucho más fuerte que eso.

Caracas es sin duda la ciudad de las prisas, y eso a veces nos distrae de cosas tan
importantes como lo son reconocer a nuestros hermanos y querer el lugar donde naces, porque te pertenece. En ningún otro lugar encajarás tan bien como en éste. Yo también soy Caracas, y acepto esa invitación al encuentro.

@MaClaudiaPerera
TalCualDigital
Opinion 05/08/2014